El «cogito»

EL “COGITO”

Descartes supera la duda y alcanza la primera verdad evidente, pues “queriendo yo pensar que todo es falso, era necesario que yo, que lo pensaba, fuese alguna cosa”. De este modo la existencia del “yo” es el inicio evidente e indubitable de la filosofía. La frase “pienso, luego existo” no es una demostración o razonamiento, sino la expresión lingüística de una evidencia inmediata. Según Descartes, es también evidente que este yo es una sustancia, es decir, un ser que no necesita de otro para existir y que perdura idéntico en el tiempo. Existe, por tanto, con total independencia de cualquier cuerpo, lugar o materia. Su propiedad esencial o atributo es el pensar. Es pues una sustancia pensante o espíritu o alma. El contenido u objeto del pensamiento son las diferentes ideas o modos de la sustancia pensante. Descartes distingue tres clases de ideas:

  • las innatas, presentes en la naturaleza de nuestra razón desde el nacimiento,
  • las adventicias, que surgen y vienen de fuera del yo,
  • y las facticias, que tienen su origen en el propio yo, ya sea como imaginaciones o como voluntades.

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