La filosofía como saber

El discurso racional se opone totalmente al relato mítico, pero ambos comparten un mismo origen: la necesidad de encontrar respuestas a cuanto se teme o simplemente no se comprende.

Toda forma de conocimiento surge de la curiosidad y del asombro que provoca en nosotros lo desconocido, comenzando por lo que se encuentra relacionado con las necesidades de nuestra vida cotidiana. Junto a esta capacidad de asombro, se encuentra la capacidad de hacer preguntas. Proponer preguntas y advertir problemas se encuentran en la base del conocimiento.

No obstante, la diferencia más radical entre la razón y el mito se encuentra en la capacidad de crear argumentos. La razón avanza mediante el ejercicio de la argumentación rigurosa. Todo razonamiento debe encontrar su lugar en una cadena argumentativa, lo que permite rechazar aquello que no se encuentra debidamente fundamentado.

Resulta complejo definir lo que es el saber, aunque podemos decir que es el dominio de las informaciones de que se dispone en un momento determinado y que permite actuar adecuadamente. Así podemos hablar de dos tipos de saber:

  • Un saber teórico, que simplemente pretende conocer la realidad tal como es.
  • Un saber pragmático, que busca una aplicación práctica de lo que se conoce.

Aunque se identifica a la filosofía más vinculada al aspecto teórico del conocimiento, desde muy temprano en la historia ha mostrado interés por ambas facetas, como queda patente en la reflexión ética.

En el ámbito de la filosofía (amante de la sabiduría) se reconoce la imposibilidad de alcanzar el saber, pero lo busca como un ideal mediante la argumentación racional.

Los principales enemigos del discurso racional son la ignorancia, la opinión y la simple creencia.

  1. La ignorancia. En ella simplemente no se conoce nada o se conoce de un modo incorrecto.
  2. La opinión. Es un juicio sin fundamento y sin rigor con apariencia de saber y suele depender del sistema de valores de una comunidad. Aunque es un conocimiento sin fundamento, en ocasiones quiere imponerse como conocimiento verdadero.
  3. La creencia es la adhesión personal a una idea, teoría, afirmación o dogma, cuyo único fundamento es, precisamente, esa adhesión.

La filosofía, desde sus orígenes, ha criticado las creencias y las opiniones, oponiéndose a la ignorancia y la superstición.

El ideal de la sabiduría: “saber” y “saber vivir”.

La práctica de un discurso racional, fundamentado y coherente que emplea la fuerza de la razón humana es el ideal de la filosofía. Su fin es alcanzar el conocimiento y combatir la ignorancia, las opiniones dudosas y las creencias sin fundamento.

La filosofía pretende ser una actividad universal del mismo modo que la razón es un componente universal del ser humano. De este modo se entiende que todos podemos hacer filosofía si hacemos un uso adecuado de nuestra razón, empleando argumentos fundamentados y combatiendo opiniones y creencias infundadas.

Pero la filosofía desde sus orígenes no quedaba limitada al conocimiento teórico, pues también trataba de que este conocimiento orientara la acción. Es decir, buscaba un conocimiento que fuera también “sabiduría”. La sabiduría tiene su origen en la contemplación no interesada, pero desemboca en un “saber vivir” que permite alcanzar la felicidad y la armonía. La sabiduría une el conocimiento, la felicidad y la verdad. Los filósofos no la poseen pero la buscan como un ideal.

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