EPICURO

El argumento ontológico, rechazado por Tomás de Aquino en el texto que comentamos, se basa en la presencia en la mente de una definición o concepto de Dios adecuado. En la continuación del texto, en la respuesta 2 a las objeciones, nos dice que algunos creyeron que Dios era cuerpo. Tomás se está refiriendo a la doctrina de Epicuro sobre los dioses.

Epicuro critica el antropomorfismo de la religión mítico-popular en su concepción de los dioses. Él admite la existencia de muchos dioses y afirma que la misma es evidente. En consonancia con su física atomista, mantiene que los dioses están hechos de átomos materiales pues todo lo real es de naturaleza atómica, aunque los átomos de los dioses son especiales y sumamente sutiles. Se renuevan continuamente, por eso los dioses son inmortales.

Los dioses desprenden continuamente “eidola” o átomos finísimos con su propia imagen. Estos átomos penetran por los poros del cuerpo y por los sentidos de los humanos, y llegan al pensamiento. Ésta es la explicación de que en todos los pueblos y en todos los hombres encontremos la conciencia de la existencia de los dioses. Epicuro nos dice en el fragmento 352: “Pues la existencia de los dioses es un hecho, su conocimiento resulta evidente.”

Los dioses habitan en los “metacosmos” o espacios intermedios entre los distintos mundos. Allí son plenamente felices y equilibrados. No están movidos ni por preocupaciones, ni por el miedo, ni por el amor, ni por el odio. No se preocupan por nada y gozan de una paz completa y de una serenidad inalterable. En consecuencia, no tienen relación alguna ni con el mundo ni con los humanos.

Esta concepción de los dioses no coincide en nada con el concepto que de Dios tienen, por ejemplo, Agustín de Hipona, Anselmo de Canterbury o Tomás de Aquino.

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