EL CONOCIMIENTO

Tomás de Aquino nos dice en el texto que Dios no es evidente para nosotros y que necesitamos demostrarlo a partir de aquello de lo que tenemos evidencia, es decir, de los efectos.

Al contrario que Platón, Tomás de Aquino sitúa el origen del conocimiento humano en la experiencia sensible, manifestación del mundo material que nos rodea. A los objetos conocidos por esta experiencia es a lo que Tomás de Aquino llama efectos. La percepción sensible transmite a la imaginación o fantasía una imagen o fantasma que es conservada en la memoria. Sobre esta imagen o fantasma actúa el entendimiento abstrayendo de la materia, que individualiza al objeto conocido, y captando sólo la forma que es recibida en el entendimiento como un concepto universal. Al entendimiento, en cuanto actúa y abstrae, se le denomina entendimiento agente o activo, y en cuanto recibe el concepto universal, entendimiento paciente o pasivo. Al primero le corresponde la capacidad de universalizar y al segundo la capacidad de conocer universalmente.

En consecuencia, aunque el conocimiento humano se origina en la experiencia particular, el entendimiento conoce directa y primariamente el universal. Sólo posteriormente, relacionando el concepto universal con la imagen o fantasma de la que proviene, tenemos un conocimiento de la realidad individual o particular.

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