El texto que comentamos de la Ideología alemana de Marx se centra en la defensa del mundo real existente frente a la engañosa inversión de la realidad que implica cualquier idealismo.

Para Marx el mundo real existente son los hombres produciendo los bienes materiales que necesitan para subsistir, formado parte de un modo de producción histórico o infraestructura de la realidad. Frente a esta base material, y como consecuencia de la división del trabajo y de la propiedad privada, surge necesariamente la superestructura político–jurídica e ideológica– cultural. La superestructura viene determinada por el poder y los intereses de la clase dominante y se corresponde con una etapa de la sucesión necesaria de modos de producción que constituye la historia humana.

Al modo de producción capitalista, característico del sigilo XIX en el que se encuentra Marx, le corresponde como superestructura político–jurídica e ideológica el liberalismo, cuyo principal representante en la filosofía precedente es John Locke.

Para Locke el hombre está dotado de derechos naturales e inalienables como la libertad, la vida o la propiedad, cuya defensa le resulta problemática. Para resolver estas dificultades se origina, fruto de un contrato o compromiso, la sociedad política o civil. A esta sociedad los hombres ceden libremente sus poderes para así poder defender mejor sus derechos naturales. Estos poderes, propios del hombre natural, que procuran la defensa de los derechos, se instalan en las instituciones político–jurídicas características de la sociedad civil. Surge así el poder legislativo o Parlamento, encargado de crear las leyes que defiendan los derechos naturales y, en especial, la propiedad privada. El poder judicial, incluido o dependiente del anterior, castiga a quienes no respetan los derechos reconocidos en las leyes. El poder ejecutivo, encarnado en el monarca, está subordinado al Parlamento y legitima su poder en el contrato del que su poder se deriva. Por último, el poder federativo se encargaría de las relaciones internacionales.

Toda esta organización, pretendidamente democrática, no es para Marx más que una apariencia engañosa que esconde la explotación y la alienación de los trabajadores, mayoría sin derechos reales cuya única propiedad es su capacidad de trabajar y cuya única posibilidad real es venderla bajo el poder y el dominio del capitalista.

La libertad y la propiedad, como derechos fundamentales defendidos por Locke, y las instituciones político–jurídicas que surgen del contrato, no son más que una apariencia engañosa o ideología que defiende los intereses de la clase burguesa dominante, y cuya finalidad es conservar y perpetuar la explotación que ejerce sobre el proletariado.

La filosofía de Marx se encamina a la denuncia y negación crítica de la ideología liberal de Locke, y la práctica política marxista, a través de la revolución y la dictadura del proletariado, pretende la superación y la destrucción del liberalismo burgués cimentado en el pensamiento de Locke.

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