Marx nos dice en el texto comentado que tanto los viejos como los jóvenes hegelianos no se ocupan del mundo real existente sino que trabajan con ilusiones o productos de la conciencia creados por la fantasía. Una de estas ilusiones fantásticas, que incluso Feuerbach con su tesis del ateísmo humanista no ha superado del todo, es la religión.

Para Feuerbach la autoalienación religiosa o el desdoblamiento del mundo en dos, el religioso y el terrenal, es un problema que se da en el ámbito de la conciencia individual.

La religión para Marx es un producto social y corresponde a una determinada forma de sociedad (Tesis sobre Feuerbach, VII). La superación de la religión supone comprenderla a partir de la contradicción y del desgarramiento interno de ese fundamento terrenal, pero también consiste, sobre todo, en revolucionarlo prácticamente (Tesis sobre Feuerbach, IV y VII). El hombre asume en su conciencia la alienación religiosa porque se encuentra alienado en su existencia real. La sociedad de clases, dividida en opresores y oprimidos, es la que lleva al hombre a buscar su realización en un mundo ideal, irreal, imaginario.

La religión es un efecto de una estructura social injusta, pero también es una causa que refuerza la injusticia. La religión canaliza las energías hacia un “más allá” inexistente y así imposibilita la transformación de la realidad. La religión adormece al pueblo, es el “opio del pueblo”. La religión, según Marx, desaparecerá cuando se revolucione la estructura socio-económica que la ha originado.

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