Frente al idealismo de la derecha y de la izquierda hegelianas, Marx propugna, siguiendo a Feuerbach, una filosofía materialista que realice la necesaria inversión de Hegel. Ya en 1841 Marx había realizado su tesis doctoral sobre Las diferencias entre las filosofías de Demócrito y Epicuro, mostrando su orientación hacia una filosofía materialista.

Demócrito, siguiendo a su maestro Leucipo, afirma que toda la realidad está formada por átomos materiales que se mueven en el vacío. Los átomos carecen de propiedades fuera de la extensión espacial, de la magnitud y de la forma. El alma está formada por átomos ígneos de forma esférica, y es origen del movimiento y del conocimiento en el hombre. No parece que este materialismo atomista fundamente o incluso tenga relación con la ética de Demócrito, del que no se conoce teoría política alguna.

Años después, Epicuro recibe el influjo del atomismo de Demócrito a través de Nausífanes. La física de Epicuro se fundamenta en la teoría de los átomos de Demócrito. En ambos las propiedades de los átomos, así como su movimiento en el vacío, son coincidentes.

Del materialismo de Epicuro se deriva una teoría sensualista del conocimiento, en la que la percepción de los sentidos es el único criterio de verdad. El tener unas normas de conocimiento o canónica es imprescindible para poder llevar una vida práctica adecuada, o lo que es lo mismo, para guiarse por una Ética.

Tanto los dioses como el alma humana están formados por átomos. El materialismo atomista de Demócrito sirve para fundamentar una teoría ética que busca la felicidad entendida como tranquilidad de ánimo y equilibrio interno añadidos a la ausencia de dolor. La Física o el saber sobre la naturaleza tiene por finalidad el poder orientarnos hacia la vida feliz, superando los grandes miedos que intranquilizan a los humanos y les hacen infelices; el miedo a los dioses, a la muerte, a los males o al destino, todos ellos originados por la ignorancia. El destino no existe al tener los átomos un movimiento anómalo por el que se desvían de su dirección vertical, haciendo que el futuro sea totalmente impredecible.

El planteamiento de Epicuro es totalmente individual, dando gran importancia a la amistad, pero desligándose de los problemas políticos, origen de intranquilidad y desasosiego. Carece Epicuro de una perspectiva histórica en la que situar a los humanos. No se interesa por los fenómenos socio- políticos y por supuesto no tiene en cuenta la estructura económica. El materialismo de Epicuro es básicamente físico. Los átomos se mueven en el vacío, pero los seres humanos, los fenómenos sociales, la cultura, etc., permanecen estáticos. La dialéctica, con su exigencia de superación, de cambio, de confrontación, no existe en Epicuro. No hay una visión histórica en la que los fenómenos humanos y sociales cambien, etapa tras etapa, hasta llegar a una meta futura final.

En conclusión, el materialismo dialéctico y el materialismo histórico de Marx difieren esencialmente del atomismo materialista de Demócrito y de Epicuro.

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