En el texto comentado Marx acusa, tanto a los viejos como a los jóvenes hegelianos, de que su filosofía está instalada dentro del ámbito de la conciencia, de sus productos y de sus ilusiones o fantasías. Han olvidado que el postulado moral de la filosofía no es el deber de cambiar de conciencia, sino la obligación de cambiar el mundo real existente.

Un autor que contradice directa y explícitamente esta tesis marxista es Aristóteles. Cuando Aristóteles desarrolla su concepción de la ciencia distingue tres tipos de saberes:

  1. 1  El saber productivo, que consiste en producir o fabricar conforme a principios o reglas, y se identifica con la técnica.
  2. 2  El saber práctico que consiste en saber actuar en la propia vida, es decir, saber comportarse de un modo adecuado. No está encaminado a producir un objeto, como el saber productivo, sino que la acción es su propio fin. Se trata de actuar, comportarse o vivir bien.
  3. 3  El saber contemplativo, que no se interesa ni por la producción ni por la acción, sino que es totalmente desinteresado y se identifica con la ciencia o filosofía. Es un saber deseable por sí mismo como fin y no como medio. Su objeto es lo necesario y lo eterno.En su Metafísica distingue tres tipos de saber contemplativo:
    • La física que estudia entidades materiales y móviles.
    • La matemática que abstrae de las entidades los rasgos cuantitativos. Su objeto es la cantidad y el número.
    • La teología que estudia al Primer Motor Inmóvil.En la Ética a Nicómaco diferencia entre virtudes éticas, referidas a la parte apetitiva o volitiva del alma humana, y virtudes dianoéticas, que se ocupan de que la razón o parte pensante del alma actúe correctamente o ejecute bien su función. Las virtudes dianoéticas más importantes son las científicas o contemplativas que tratan de captar la verdad. El hábito de captar las verdades universales y necesarias es la virtud de la sabiduría. La sabiduría o virtud contemplativa no tiene utilidad alguna, no sirve para nada, no es un medio para conseguir otra cosa, sino que es fin en sí misma, pues desarrolla la actividad más propia del ser humano, el conocimiento. Por esto es la que nos proporciona más satisfacción y placer. La felicidad, realización plena de nuestras potencialidades, consiste en la contemplación o sabiduría. Con la teoría, con la vida contemplativa, los humanos llegamos a nuestra máxima realización y perfección, pues la característica esencial y diferenciadora de nuestra naturaleza es el conocimiento racional. Incluso Dios, ser perfecto y plenamente feliz, es según Aristóteles conocimiento de sí mismo.

      Pero los seres humanos, al ser corpóreos, tienen necesidades materiales. La vida contemplativa necesita tener resueltas las necesidades materiales y disponer de tiempo libre u ocio para dedicarse al estudio y a la contemplación. Esto, y con dificultades, sólo unos pocos pueden intentarlo. Serán una minoría que intentará alcanzar la felicidad dedicándose a la contemplación, para lo que otros, los esclavos, deben dedicarse a trabajar.

      La opinión de Marx, manifestada en Tesis sobre Feuerbach, XI, es definitiva: “Los filósofos se han limitado a interpretar el mundo de distintos modos. De lo que se trata es de transformarlo.” Conforme a esta tesis de Marx, Aristóteles representaría paradigmáticamente a los filósofos que se conforman con interpretar el mundo sin llegar nunca a transformarlo.

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