Locke es un contractualista. El contractualismo en filosofía política es la teoría que defiende que el poder político y la organización de un estado, ejercido por un gobierno concreto, se fundamenta en un acuerdo o contrato con los ciudadanos.

Esta teoría se opone directamente a los defensores del origen divino del poder (R. Filmer, J. Bossuet, etc.). El origen y la legitimación del poder no provienen de la voluntad divina, sino de una decisión de los ciudadanos. Es una teoría totalmente coherente con el planteamiento laico presente en la Ilustración o en los autores, que como Locke la preparan, y que intenta superar los enfoque teocéntricos propios de la cultura medieval.

Ahora, en la Época Moderna, es la razón, independiente y autónoma, no la revelación divina o la teología, quien trata de resolver nuestros problemas. En el ámbito político, esta actitud racionalista y laica la representa el contractualismo.

Otros autores contractualistas son Tomás Hobbes, con quien polemiza Locke en esta obra, y Juan Jacobo Rousseau, perteneciente a la Ilustración y predecesor del Romanticismo, sin duda, influenciado por Locke.

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