AGUSTÍN DE HIPONA

San Agustín, criticando el escepticismo de los académicos, presenta como argumento: “Si enim fallor, sum” (si me engaño, existo), prácticamente coincidente con la expresión de Descartes en el texto que comentamos: “Pienso, luego existo”. En ambos casos se afirma la evidencia inmediata de la existencia del sujeto pensante y la imposibilidad de una duda definitiva o escéptica.

Parece ser que cuando Arnauld leyó lo publicado en torno al “cogito”, se apresuró a comunicar a su amigo Descartes que había un precedente en San Agustín. Esto disgustó a Descartes, que rechaza el valor de la “auctoritas” en filosofía, y alegó que lo que en él era un planteamiento metodológico, en San Agustín se utilizaba con un propósito teológico.

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