“LARVATUS PRODEUS”

La época de Descartes es un periodo histórico de conflictos y enfrentamientos. El desprestigio y la corrupción de la iglesia han dado origen a la Reforma luterana y han hecho necesaria una Contrarreforma interna, pero esto ha causado la división de la cristiandad medieval y la intransigencia y la hostilidad entre los cristianos, que se consideran mutuamente como herejes, y conducirá a las guerras de religión.

El propio Descartes participa en la guerra de los 30 años, primero en el ejército protestante holandés de Mauricio de Nassau y después en el ejercito católico de Maximiliano de Baviera. Por doquier impera la intolerancia religiosa y se persigue al que piensa diferente. Para terminar con la guerra religiosa, la paz de Wesfalia impone a los súbditos las creencias religiosas de sus gobernantes: “cuius regio, eius religio”. La Inquisición y el Índice de libros prohibidos se imponen en casi toda Europa.

Por otro lado, en Francia reina Luis XIII, quien apoyado en el cardenal Richelieu, ejerce un poder absoluto conforme a las teorías de Jean Bodin. No es una época de libertades, ni de pensamiento ni de expresión.

En este ambiente Descartes se muestra sumamente prudente y no quiere enfrentarse con los doctos, y mucho menos con los poderosos. No obstante, no puede evitar que la novedad de sus planteamientos filosóficos disguste tanto a católicos como a protestantes, y provoque la enemistad de los profesores universitarios que siguen la filosofía escolástica tradicional. Este ambiente hostil e inseguro parece provocar el que Descartes asuma como lema: “Larvatus prodeo” (avanzo escondido), tal como manifiesta en una carta de juventud.

Algunos especialistas, basándose en este lema e interpretando a partir de él los indicios que hallan en la vida y obra de Descartes, consideran que éste no quiso manifestar claramente su pensamiento para no ser condenado por la Iglesia, y que su filosofía esconde una interpretación oculta y muy diferente a la reflejada en sus escritos. Así Bossuet, algo después, dice en una carta: “Descartes siempre ha temido la represión de la Iglesia y, para evitarla, ha sabido tomar precauciones excesivas.”

Encontramos muestras de este avanzar “larvatus” (escondido, precavido, desconfiado, etc.) en los siguientes hechos y textos:

Descartes, aunque había terminado en 1633 su obra Traité du monde, no la publica, pues en ese mismo año Galileo es condenado por defender el heliocentrismo y negar el geocentrismo, teorías que Descartes comparte.

El Discurso del Método es publicado anónimamente en Leyde, Holanda, país con mayor libertad y tolerancia que Francia.

Buscando la tranquilidad de un ambiente más libre y tolerante se traslada a Holanda en 1629, y permanece allí durante 20 años, prácticamente hasta su muerte.

Al inicio de la cuarta parte del Discurso del Método, que comentamos, pese a estar planteando la duda metódica, sorprendentemente afirma que “en lo tocante a las costumbres, es a veces necesario seguir opiniones que sabemos muy inciertas, como si fueran indudables”.

Lo mismo sucede con la primera regla de su Moral provisional: “La primera era obedecer las leyes y costumbres de mi país, manteniendo constantemente la religión en que Dios me ha hecho la gracia de ser educado desde la infancia…”

De todo ello concluimos que Descartes, después de haber hecho con la duda metódica un planteamiento novedoso y radical, semejante al principio metodológico de la “navaja de Ockham”, parece como si quisiera quitar fuerza innovadora a sus planteamientos. Es excesivo, por ello, querer hacer de Descartes un abanderado en la lucha contra libre pensadores, libertinos e increyentes, defendiendo la evidencia de la existencia de Dios y de la espiritualidad e inmortalidad del alma. Más bien hemos de considerar que adopta ante la religión una actitud conformista y acomodaticia, tal como parece que contestó al pastor protestante Revius, diciéndole que tenía la religión de su rey y de su nodriza.

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