Parece que fue Pitágoras, matemático, músico y filósofo, quien empleó el término “filósofo” por vez primera, al referirse a sí mismo cuando le preguntaron por su profesión. Como no entendieron qué significaba, comparó al filósofo con aquéllos que acudían a los juegos olímpicos simplemente como espectadores, a ver lo que ocurría. De esta manera, el filósofo sería la persona que observa los acontecimientos sin más interés que llegar a comprenderlos, no buscando ni la fama ni el dinero. Por eso a los filósofos se les llama amantes de la sabiduría.

Es filósofo aquél que se encuentra en una constante tensión y búsqueda del conocimiento, no estando satisfecho con lo que ya ha encontrado. Por eso no es un sabio, sino que busca ser sabio y para ello emplea la razón, define conceptos, desarrolla métodos y crea sistemas de ideas, no admitiendo sin reflexión lo que todos juzgan verdadero.

La filosofía no es nunca algo estático, es en cierto modo un camino sin fin, pero tiene un origen: la necesidad de encontrar una respuesta a cuanto es y a cuanto ocurre. Aunque esto puede hacerse de modos diferentes, en Grecia se descubrió que el origen de la sabiduría se encuentra en el uso de la razón.

hay que distinguir el término “filósofo” de los términos “sofós” y “sofista”. Si por filósofo entendemos a quien ama el conocimiento y desea la sabiduría, d€ manera desinteresada, el sofós en la Antigua Grecia era aquel que, además de un conocimiento teórico, había demostrado poseer un conocimiento práctico, por ejemplo en la política. Sofista, por otra parte era denominado a quien enseñaba sus conocimientos, fundamentalmente dedicados a la enseñanza de la dialéctica, oratoria y retórica. Era una labor labor por la que cobraban ya que suponía un gran beneficio para quienes las aprendían.

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