Definición de términos

Alma: Verdadero ser o esencia del hombre. Preexiste en el mundo de las ideas y es inmortal. Como si estuviera enterrada en una tumba, está prisionera en el cuerpo, al que da vida y movimiento. Su característica principal es la capacidad de conocer, pero también sufre una pulsión erótica o amorosa que la hace dirigirse hacia lo bello. Según el “mito del auriga” el alma contiene tres dimensiones: el auriga o alma racional, que conoce y dirige y debe desarrollar la virtud de la sabiduría; el caballo dócil o alma irascible, que tiene como propia la virtud de la fortaleza, y el caballo perezoso o alma concupiscible, que debe cultivar la virtud de la templanza.

Apariencia: Aspecto de la realidad cambiante, particular, sensible y engañosa. Es conocida por la imaginación o los sentidos, y de ella tendremos una opinión, pero nunca ciencia.

Armonía: Expresión ya presente en el Gorgias. La armonía es el orden, el equilibrio, que la virtud de la justicia introduce en los múltiples elementos que constituyen el compuesto humano, unificándolos y sometiéndolos a la razón. Esta armonía del individuo se aplica también a la ciudad. Cuando todos los individuos y clases cumplen con las funciones que les son propias, la Justicia, entendida como orden, equilibrio y armonía, reina en la ciudad. Esta armonía, individual y social, es una imitación de la armonía cósmica, regida por una ley universal, conforme a la cual todo está perfectamente medido, regulado y proporcionado. Platón anticipa aquí un concepto que desarrollarán los estoicos.

Artes: conocimiento regido por reglas racionales y con una aplicación práctica, es un “saber hacer”.

Los sofistas denominaron así a la Retórica y a las demás materias que ellos enseñaban, para recalcar su utilidad práctica frente a la Dialéctica platónica, a la que criticaban por ser un saber puramente teórico, sin ninguna utilidad.

Platón emplea esta expresión para designar a las diferentes asignaturas que deben estudiar los defensores y los filósofos-gobernantes. Después de la gimnasia, se estudiaban las “artes”: aritmética, geometría, astronomía y música.

Finalmente, los que podían llegar al culmen, estudiaban la Dialéctica, que en ocasiones llama “arte dialéctico”.

En la cultura romana, Quintiliano, Cicerón, etc., hablarán de las “artes liberales” o artes dignas de los ciudadanos libres, incluyendo también el derecho, la historia, etc.

Esta tradición se transmite al medievo con el estudio del Trivium y del Quadrivium, o “Artes liberales”, previo a los estudios filosófico-teológicos. El Trivium incluía la Gramática, estudio del latín, la Retórica, que consistía en hablar y escribir bien, y, para ello, estudiaban a los literatos clásicos, y la Dialéctica, inicialmente equivalente a la Lógica conocida de Aristóteles, con algunos añadidos, y, posteriormente, equivale a la especulación racional, frente a la revelación divina, y dará origen a los estudios medievales de Filosofía.

El Quadrivium incluía el estudio de la Aritmética, la Geometría, la Música y la Astronomía, esta última se desarrollará como Ciencia de la Naturaleza.

Asuntos políticos: Conjunto de temas o problemas referentes a la ciudad de los que deben ocuparse los ciudadanos según la clase social a la que pertenezcan. Así, los filósofos – gobernantes deben ocuparse de gobernar, creando leyes justas y aplicándolas, y de educar a las nuevas generaciones de ciudadanos. Los defensores deben conseguir el orden y la independencia de la ciudad. Los trabajadores, artesanos, etc., deben procurar a todos los productos necesarios para sobrevivir.

Bárbaro lodazal: Expresión metafórica para referirse al mundo de las cosas, múltiples, cambiantes, que nacen y mueren, y de las que sólo puede obtenerse opinión, nunca ciencia.

Es el fondo de la “caverna”, en el que sólo hay sombras. La expresión contiene una valoración negativa del mundo de las cosas en el que está prisionera el alma.

Toda la filosofía de Platón tiene como finalidad abandonar este “bárbaro lodazal” y acceder al mundo de las ideas.

Bien de la ciudad: Meta o finalidad de la acción de los gobernantes, que deben lograr la armonía o equilibrio justo en el desempeño de las funciones de todos los ciudadanos y, así, hacer partícipes de la felicidad a todos. Para ello es necesario que los gobernantes hayan contemplado el Bien en sí y hagan partícipes de este Bien a la ciudad entera.

Bien en sí, Idea de bien, Bien: Es la idea suprema, el “sol de las ideas”, que fundamenta la existencia, la vida y la posibilidad de conocerlo todo. Es la meta y el culmen de la dialéctica y el fundamento de la bondad de todo lo que existe.

Ciencia: Clase de conocimiento opuesto a opinión. Es un conocimiento seguro, necesario, inmutable, universal, basado en la contemplación o intuición intelectual de la esencia o idea.

Según Platón, accedemos a este conocimiento superando un nivel inferior, la ciencia como pensamiento o razonamiento hipotético – matemático.

Ciudad: Platón la concibe como un gran organismo, un todo formado por individuos, familias y clases sociales, con actividades e intereses distintos. No sería posible la ciudad si entre sus partes no reinase un orden y una armonía que redujese la diversidad a la unidad del Estado. Para ello cada parte debe cumplir con la función que le corresponde dentro de la totalidad. La teoría que Platón nos transmite sobre la ciudad en el diálogo República no es una descripción de la ciudad – Estado de la época, sino una visión utópica de la ciudad ideal

Clase: Grupo humano caracterizado por el alma que posee y por la función que debe desarrollar en la ciudad. Se constituyen y seleccionan a través del proceso educativo. El equilibrio y la armonía entre las clases hacen a la ciudad justa. La clase superior de los filósofos – gobernantes tiene que sobresalir por la sabiduría y prudencia, propias de su alma intelectiva o racional. En los defensores predomina el alma irascible, deben asegurar la defensa de la ciudad y su virtud característica es la fortaleza. Los trabajadores se caracterizan por poseer un alma concupiscible, su función es proveer de bienes a toda la ciudad y su virtud propia es la templanza. Quedan fuera de esta clasificación los esclavos, pues, aunque es el grupo mayoritario, no son ciudadanos.

Conocimiento: El término “conocimiento” puede tener un significado genérico, equivalente a todo tipo de representación de la realidad (“alegoría de la línea”), pudiendo ser Opinión (imaginación y creencia o percepción sensible) o Ciencia (pensamiento o conocimiento hipotético-matemático y contemplación de las ideas).

También puede usarse, el término “conocimiento”, con un significado específico, equivalente a intuición o contemplación de las ideas, propia del entendimiento o razón.

Contemplación: Es la intuición intelectual o conocimiento directo de las ideas. Se diferencia tanto del conocimiento sensible, que no proporciona más que opiniones, es decir, un conocimiento cambiante e inseguro, como del conocimiento matemático o “pensamiento”, que es un conocimiento secuencial, sucesivo, pues los teoremas matemáticos se deben demostrar a partir de principios hipotéticos, los postulados o axiomas. Frente a éstos, la contemplación o intuición intelectual es un conocimiento actual, directo, presente, sin sucesión o dilación alguna, y, además, es un conocimiento totalmente cierto y seguro, pues se basa en el conocimiento necesario de la esencia.

Cosa: Son los seres materiales y sensibles existentes en el mundo o “caverna” en el que nos encontramos. Existen por participación o imitación de las ideas y han sido originadas por el Demiurgo a partir de una materia preexistente. Como están sujetas al cambio, al movimiento y a la corrupción, su conocimiento, denominado opinión, es mera apariencia, insegura y no necesaria, a diferencia de la ciencia. El cuerpo humano es una cosa que aprisiona al alma inmortal perteneciente al mundo de las ideas.

Cuerpo: Es uno de los objetos materiales propios del mundo de las cosas. Como tal nace y muere, cambia, es divisible, hay pluralidad de cuerpos, etc. No pertenece a la esencia del hombre, es, al contrario, la prisión o tumba en que el alma está encerrada y retenida lejos del mundo de las ideas, que sería su lugar propio y original. El cuerpo es conducido y dirigido por el alma, y vive gracias a ella.

Dialéctico: Es el filósofo o conocedor de la dialéctica. La dialéctica es la ciencia suprema, consistente en la contemplación de las ideas, y el método necesario para adquirirla. En el proceso educativo es el último saber que se adquiere tras haber superado las artes, y previo al ejercicio práctico del gobierno. Como método consiste en un proceso de análisis y síntesis, viendo que contiene y por quien es contenida cada idea, llegando a través de ideas opuestas (afirmación–negación) hasta las ideas supremas. Según Platón, podemos así definir cualquier esencia.

Definir: Operación racional consistente en precisar y analizar la esencia de algo. Para ello es necesario haber contemplado la idea o esencia separada. Llegaremos a la definición de la esencia a través de la aplicación del método dialéctico, analizando y sintetizando, viendo que contiene y por quien es contenida cada idea o su negación.

Educación: Actividad ejercida por los filósofos–gobernantes que efectúa la selección y formación de los ciudadanos para, así, alcanzar el ideal de la comunidad social.

La educación no consiste en la transmisión de conocimiento. Todas las almas, al venir a este mundo, traen ya innatas sus ideas. Pero es preciso, por una parte, despertarlas por medio de la “reminiscencia”, haciéndolas volver sus “ojos” hacia la luz, y, al mismo tiempo, dominar sus tendencias inferiores mediante el ejercicio de la virtud.

Es la principal aportación que nos hace la ciudad, por lo que siempre estaremos en deuda con ella.

La educación es un proceso selectivo. Según la clase de alma y capacidades de cada uno, la educación del ciudadano puede extenderse desde los 20 años, hasta los 30 para los guardianes, y los más aptos se ejercitan en la Dialéctica hasta los 35 años, edad en la que comenzarán a iniciarse en el gobierno de la ciudad.

Educar: Función propia de los filósofos–gobernantes, quienes, además de dirigir la ciudad, deben prepara a las nuevas generaciones de ciudadanos para que cumplan con su función y, así, lograr la armonía y unificación del Estado. Deben también formar a los mejores para que les sucedan en su función de dirigentes. Se educa con el desarrollo de todas las virtudes y, sobre todo, con el conocimiento de las diversas “artes”, que culminan con la dialéctica. Educar no es transmitir conocimientos a quien no los tiene, como opinaban los sofistas, sino dirigir el “ojo del alma” hacia las ideas, llegando a la contemplación del Bien en sí.

Esencia: Es el verdadero ser de las cosas, lo que las constituye y las diferencia de la apariencia, imagen o sombra. Para Platón, las esencias son las ideas que existen separadas en el mundo inteligible o celeste, y que el Demiurgo utilizará como modelos, a los que imitarán y de los que participarán las cosas. Las esencias son eternas e inmutables.

Felicidad: Ser feliz consiste en poseer una vida buena y juiciosa y no en la posesión de bienes y riquezas. En el Gorgias se plantea Platón la posibilidad de elegir entre dos ideales de vida: o el placer o el bien. Para Platón no puede ser feliz aquel para quien el contenido y la meta de su vida es el placer. Verdaderamente feliz sólo puede serlo aquel que se halla en posesión de la “justicia” y, en general, del “Bien”. El sabio que practica la virtud consigue establecer la armonía y el equilibrio en todo su ser, con ello alcanza una felicidad interior que nadie ni nada le puede arrebatar.

Filosofía: Sabiduría lograda por la contemplación de las ideas y equivalente a la Dialéctica. Llegamos a ella a través de la dedicación y esfuerzo racional que nos exige el método dialéctico, pero también por la fuerza erótica del amor que nos lleva hacia la Belleza en sí.

Formar a otros: Término equivalente a “educar”. Función propia de los filósofos – gobernantes, quienes, además de dirigir la ciudad, deben prepara a las nuevas generaciones de ciudadanos para que cumplan con su función y, así, lograr la armonía y unificación del Estado. Deben también formar a los mejores para que les sucedan en su función de dirigentes. Se educa con el desarrollo de todas las virtudes y, sobre todo, con el conocimiento de las diversas “artes”, que culminan con la dialéctica. Educar no es transmitir conocimientos a quien no los tiene, como opinaban los sofistas, sino dirigir el “ojo del alma” hacia las ideas, llegando a la contemplación del Bien en sí.

Gobernar: Función propia de los filósofos – gobernantes. Consiste en dirigir la ciudad creando y aplicando leyes justas, para que todos los ciudadanos sean felices y participen del Bien.

Gobernantes: “Filósofos – gobernantes”. Aquellos quienes dirigen la ciudad creando y aplicando leyes justas, para que todos los ciudadanos sean felices y participen del Bien.

La figura del “rey-filósofo” aparece como consecuencia de dos puntos de vista fundamentales en la filosofía política de Platón: su concepción autoritaria y su concepción intelectualista. Platón hereda de su maestro Sócrates la idea según la cual no se puede hacer el bien si no se tiene un conocimiento explícito de lo que es el bien.

Hipótesis: Son los principios, axiomas o postulados, en que se fundamenta el conocimiento matemático que Platón llama “pensamiento”. Como los principios no están demostrados, las conclusiones matemáticas derivadas de ellos nunca serán totalmente evidentes. Por consiguiente, Platón considerará a las matemáticas como un conocimiento hipotético, situado entre la opinión y la contemplación de las ideas.

Hombres: Para Platón el hombre es un compuesto con dos partes bien diferenciadas.

El alma que, perteneciendo al mundo de las ideas, es la verdadera esencia del hombre y tiene como características la razón o capacidad intelectual, el ser inmortal y transmigrar de cuerpo en cuerpo, el dirigir y dar vida al cuerpo.

El cuerpo, perteneciente al mundo de las cosas, es la prisión o tumba del alma. Le dificulta realizar las funciones que le son propias, sobre todo, la contemplación de las ideas. Por esto, para Platón, siguiendo a los pitagóricos, el dominio y la separación de todo lo corpóreo es una purificación y una liberación que se convierte en ideal moral.

Imagen: Nivel inferior de la realidad y del conocimiento. Es una representación o recreación de cosas sensibles realizada con la imaginación. Platón las valora como a “sombras” en el fondo de la caverna. Por ello, menosprecia, en general, a los artistas, como creadores de imágenes, y no los incluye entre los ciudadanos de su “República ideal”.

Ley: Son las normas escritas propias de la ciudad, sancionadas por el legislador y que brotan de la razón verdadera y recta. El objeto de la ley es el bien de toda la ciudad, por encima de los intereses particulares de los individuos. Platón, por una parte, conserva la noción genética de la ley como procedente de las costumbres. Pero, por otra parte, la ley está basada en la razón. Para poder legislar y promover una ciudad justa y feliz, el legislador necesita haber contemplado la idea de Bien.

Lo que nace: Expresión equivalente a cosa material u objeto del mundo sensible. Sus características son la multiplicidad, el cambio, el nacer y morir, etc. Las cosas imitan o participan de las ideas, que son su verdadero ser o esencia separada.

Método dialéctico: Es el procedimiento para llegar al conocimiento racional de las ideas y, así, a la definición de la esencia. Consiste en analizar y sintetizar, ver que contiene una idea y por quien es contenida; considerando, siempre, una idea y su negación, y elaborando, de esta manera, una estructura jerarquizada de las ideas que nos permita alcanzar las ideas supremas y, en especial, a la idea de Bien.

Modelo: Función desempeñada por las ideas. El demiurgo, tras contemplar las ideas como ejemplares, ha dado forma a las cosas, que, así, imitan o participan de las ideas.

Ojo del alma: Metáfora empleada por Platón para designar al entendimiento o capacidad racional de contemplar las ideas. En el “Mito del auriga” es la capacidad que posee el auriga para conocer las ideas y, así, alimentar la fuerza de “las alas del alma” y continuar dirigiendo a los “dos caballos” en el mundo celeste o divino.

Opinión: Clase de conocimiento opuesto a la Ciencia. Se caracteriza por su inseguridad, por ser cambiante, por referirse a cosas singulares y sensibles. Tiene su origen en los sentidos y por objeto el mundo de las cosas. Platón considera que son opiniones las imágenes y las sensaciones.

Pensamiento: Equivalente a conocimiento matemático. Es un conocimiento intermedio entre la Opinión y la contemplación de las ideas. Consiste en un proceso deductivo a partir de hipótesis, axiomas o postulados matemáticos, para concluir en los diversos teoremas. No posee ni la seguridad, ni la evidencia de la contemplación de las ideas.

Principio mismo: Expresión equivalente a idea o esencia separada. Es el fundamento de la realidad y del conocimiento, el “verdadero ser de las cosas”, del que participan o al que imitan todos los demás seres.

El Demiurgo ha tomado a estos principios o ideas como modelos o ejemplares, al originar el mundo.

Conocer será acordarse de estos principios o ideas que el alma ya contempló antes de encontrarse en el mundo de las cosas.

Razonamiento: En general, es el ejercicio de la razón o capacidad de conocer intelectualmente, propia del alma y capaz de contemplar las ideas y de definir la esencia. Es superior a la opinión, propia del mundo sensible, que sólo nos proporciona apariencias.

En sentido específico, es el procedimiento cognoscitivo propio de las matemáticas, que Platón llama también “pensamiento”, consistente en un proceso de deducción de conclusiones a partir de hipótesis. Según Platón, ocupa una situación intermedia, más elevado que la simple opinión, pero inferior a la contemplación de las ideas.

Ser: Término opuesto a sombra, imagen o apariencia. Los verdaderos seres son las ideas, que son los principios y fundamentos de la realidad y del conocimiento. Las ideas, y por tanto los seres, están jerarquizados. Platón, en sus diversos diálogos, considera como ideas supremas al Bien, al Uno, a la Belleza y al Ser.

Unificación del Estado: La multiplicidad de intereses de los individuos y clases de la ciudad necesita someterse a un proceso de organización y armonización, que deben ejecutar los gobernantes sirviéndose de la educación y las leyes, y que debe conducir a la unificación del Estado, es decir, a la ciudad justa, en la que todos hacen partícipes a los demás de sus bienes con el cumplimiento exacto de sus funciones y el desarrollo de las virtudes que les son propias.

Virtud: Es la excelencia en el ejercicio de lo que es propio de una naturaleza o, lo que es lo mismo, en el cumplimiento de la función propia. Estas excelencia se adquiere con el ejercicio y el esfuerzo, menos en la virtud más importante, la virtud de la sabiduría. Platón es continuador de la ética intelectualista de su maestro Sócrates. La verdadera virtud se apoya, así, en el verdadero saber, que es el saber de las ideas. Sólo quien sabe lo que es el Bien puede obrar bien.

Virtudes del alma: Es la excelencia en el ejercicio de las funciones del alma. Según el “mito del auriga” de Platón, éstas son las propias del alma intelectiva, del alma irascible y del alma concupiscible.

La virtud propia del alma intelectual es la sabiduría o prudencia o virtud del conocimiento. Es una virtud totalmente especial, pues no se trata de una capacidad adquirida con el ejercicio, sino que pertenece a algo divino que jamás pierde su poder. La capacidad de conocer es innata y se desarrolla según el lugar al que dirija el “ojo del alma” su mirada. Se trata de contemplar el Bien, por esto los malos son inteligentes pero sirven a la maldad.

Las otras virtudes del alma son: la fortaleza o valor, propia del alma irascible y que nos permite superar los obstáculos que se oponen a la realización del bien. La templanza, que es el control de nuestras pasiones e inclinaciones hacia el placer o la comodidad. Y la justicia, que consiste en el desarrollo equilibrado y armónico de todas las funciones del alma.

Estas virtudes se aplican a las clases sociales de la ciudad, gobernantes, defensores y trabajadores. En consecuencia, la justicia (social) consistirá en el equilibrio y la armonía entre estas clases sociales y en el cumplimiento de sus funciones por cada una de ellas (gobernar-educar, defender, trabajar-producir).

Virtud del conocimiento: Es una virtud especial. No es producida por el ejercicio como las demás virtudes. Según Platón, pertenece a algo divino que jamás pierde su poder. La clave para el desarrollo correcto de esta virtud está en dirigir el “ojo del alma” hacia la contemplación del Bien. Toda vida virtuosa es participación del Bien en sí.

Virtudes del cuerpo: Es la excelencia en el ejercicio de las capacidades corporales. Estas virtudes se adquieren y desarrollan con el ejercicio continuado y el esfuerzo, hasta alcanzar la capacidad habitual de actuar con excelencia. En esto se asemejan todas las virtudes, excepto la del conocimiento, virtud del alma no adquirida sino innata.

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