«La quinta se deduce a partir del ordenamiento de las cosas. Pues vemos que hay cosas que no tienen conocimiento, como son los cuerpos naturales y que obran por un fin. Esto se puede comprobar observando cómo siempre y a menudo obran igual para conseguir lo mejor. De dónde se deduce que, para alcanzar su objetivo, no obran al azar, sino intencionadamente. Las cosas que no tienen conocimiento no tienden al fin sin ser dirigidas por alguien con conocimiento e inteligencia, como la flecha por el arquero. Por lo tanto, hay alguien inteligente por el que todas las cosas son dirigidas al fin. Le llamamos Dios.»

Tomás de AQUINO, Suma Teológica, q. 2, a. 3, respuesta.

 

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