El texto comentado mantiene que la existencia de Dios no es evidente, debemos demostrarla a partir de los efectos.

Aristóteles en el libro XII de su Metafísica expone su filosofía sobre Dios. Como Tomás de Aquino desarrolla un argumento sobre la existencia de Dios que parte de los efectos, en este caso del movimiento, analizado conforme a la física aristotélica como paso de la potencia al acto. La potencia no se actualiza por sí misma, requiere la intervención de un ser en acto o causa. La imposibilidad de un proceso infinito de motores, causa del movimiento, que a su vez se muevan, llevan a Aristóteles a la conclusión de que existe un Primer Motor Inmóvil, causa del movimiento. Dado que es inmóvil, carece de potencia, es Acto Puro y como tal plenamente perfecto y autosuficiente. En cuanto autosuficiente, no tiene relación directa con el mundo y con los hombres. Es sólo causa del movimiento, pero no cusa eficiente sino causa final, que mueve atrayendo como lo amado o lo deseado.

La acción de Dios es totalmente autosuficiente y perfecta. Como tal es conocimiento, pero no conoce nada extraño a sí mismo, es Conocimiento del Conocimiento.

Tomás de Aquino en el desarrollo posterior al artículo 1 que comentamos, recoge la teoría aristotélica sobre la causalidad y reproduce el argumento aristotélico que parte de la experiencia del movimiento. Es la llamada primera vía tomista para la demostración de la existencia de Dios. Pero Tomás de Aquino difiere profundamente de Aristóteles en la concepción de la esencia divina. Debe mantener las tesis de la teología cristiana sobre Dios. Dios es causa eficiente y creador del mundo y de los hombres. No es sólo entendimiento sino también omnipotencia y amor. Conoce y se relaciona con los hombres, fundamento de todas las religiones reveladas, la judaica, la cristiana y la islámica.

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