El texto que comentamos pertenece a la Suma Teológica de Tomás de Aquino. Las Sumas constituyen un género literario típicamente escolar. Con ellas los profesores facilitan a sus alumnos una síntesis de toda la materia estudiada. Son por esto enciclopedias en las que podemos encontrar todo el saber teológico y filosófico de la época.

Encontramos en San Agustín la sugerencia, que él mismo no realiza, acerca de la importancia de escribir una síntesis de todo el conocimiento que un eclesiástico debería tener. En su obra De doctrina cristiana recomienda la erudición que proporcionan las artes liberales, así como la elocuencia y la capacidad de persuadir que la Retórica y la Dialéctica pueden proporcionar.

Este intento de recoger todos los conocimientos necesarios para la interpretación correcta de las escrituras, es puesto en práctica en el siglo VII por San Isidoro de Sevilla, al escribir Las Etimologías.

En el siglo VII, Juan de Damasco o Damasceno escribe La fuente del conocimiento. Esta obra consta de tres partes; de las que la última es una colección de textos sin pretensión de originalidad sobre las verdades fundamentales de la religión cristiana. Fue traducida en el siglo XII y, denominada De fide ortodoxa, sirvió de modelo a las Sentencias de Pedro Lombardo y a las posteriores Sumas.

Pedro Abelardo con su obra Sic et non proporciona un avance metodológico sobre las obras anteriores. Recopila numerosos textos con opiniones divergentes de las fuentes y autoridades cristianas. Los presenta de manera que unos lleven la contraria a otros, y así provoquen una búsqueda racional sobre cuál es la opinión correcta. Su discípulo Pedro Lombardo realiza una síntesis del saber cristiano, pero presentado conforme a la metodología de su maestro Abelardo. La obra resultante «Quatuor liber sententiarum» será libro de texto en las universidades del siglo XIII y su comentario será condición necesaria para obtener la “licencia ubique docendi”. Tenemos en estas obras los precedentes de las Sumas.

La Suma teológica de Tomás de Aquino se divide en tres partes. La primera trata sobre Dios mediante cuestiones o temas a desarrollar; éstos se concretan en artículos, que son los problemas concretos expresados en forma de preguntas. Éstas, conforme al método de Pedro Abelardo, tienen como respuesta un sí o un no. Los artículos concretos del texto que comentamos se ocupan de la existencia de Dios.

En conclusión, el origen de las Sumas está en una tradición recorrida por Agustín de Hipona, Isidoro de Sevilla, Juan Damasceno, Pedro Abelardo y Pedro Lombardo, y recogida con fines docentes por la escolástica del siglo XIII.

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