La filosofía medieval se afirma como continuadora de tradiciones anteriores, incluso en sus aportaciones más originales.

Sus fuentes son los escritos de los autores cristianos primitivos y del neoplatonismo. Sólo tardía y progresivamente se alcanzará el conocimiento de la obra de Aristóteles.

Hasta el siglo XII, Aristóteles es únicamente conocido por traducciones de algunas de sus obras de lógica: Categorías, Sobre la interpretación, etc., hechas por Boecio o la Introducción o Isagogé del neoplatónico Porfirio.

Se alcanza en el siglo XII una comprensión más profunda y amplia de la obra de Aristóteles gracias al conocimiento en la Europa cristiana de los filósofos islámicos Avicena, y sobre todo Averroes.

Con la caída del Imperio romano y con la prohibición de las escuelas filosóficas de Atenas realizada por Justiniano, muchos maestros de filosofía aristotélica pasaron a Siria y a Mesopotamia. Al conquistar los árabes estos territorios, recibieron, conservaron, comentaron y difundieron el aristotelismo. El filósofo cordobés Averroes es el principal comentador de la obra de Aristóteles. Sus obras y las fuentes originales fueron traducidas por las escuelas de traductores, y, gracias a ellos, Aristóteles es estudiado en occidente. Con Tomás de Aquino, la difusión del aristotelismo es definitiva.

Dejar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *