El texto que comentamos se centra en el concepto de Dios, no evidente para nosotros. En la metafísica de Tomás de Aquino Dios ocupa la cima de una clasificación jerárquica de los seres. Esta visión jerarquizada de la realidad es típica en Platón y en el neoplatonismo.

En la cumbre de los seres se encuentra Dios. Es el “Ipsum Esse”, Acto Puro de total simplicidad que puede hacer partícipes de su ser al resto de los posibles seres.

Tras el ser de Dios se encuentran los seres contingentes, su esencia está en potencia con respecto a su “esse”. En primer lugar se encuentran las inteligencias separadas o ángeles. Son inmateriales, pues su esencia sólo tiene forma y no materia, y están compuestos de esencia en potencia y del acto de existir. Son, como el resto de los seres, contingentes. El alma humana separada del cuerpo pertenecería a esta clase de seres.

En la base de esta organización jerárquica se encuentran los seres materiales. El ser humano, compuesto de alma y cuerpo, los animales, los vegetales y los seres inanimados, formados por composición de los primeros elementos. Su existencia está compuesta de materia y forma, y se encuentra en potencia con respecto al acto de existir. Todos son contingentes.

La realidad tiene, para Tomás de Aquino, una organización piramidal en cuya base se encuentran los seres materiales. En el centro encontramos las inteligencias inmateriales o sustancias separadas de la materia. Y en la cima está Dios, el “Ipsum Esse”, que comunica la existencia a todos los demás.

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