En el texto Tomás de Aquino afirma que Dios es su mismo ser. Se presupone la distinción tomista entre esencia y “esse” o acto de ser.

La esencia es potencia con respecto al “esse” que la actualiza. En Dios la esencia se identifica con el “esse”, por tanto es Acto Puro, es la plenitud del ser, el “Ipsum esse Subsistens” o Ser Necesario. En los demás seres la esencia difiere del “esse”; están en potencia con respecto al acto de ser. Por eso son seres contingentes, es decir, podrían no haber existido o pueden dejar de existir.

La actualización de la esencia potencial requiere la intervención del Acto Puro que, según su libre voluntad, hará partícipe de la infinitud de su ser, “Ipsum Esse” no limitado por la potencialidad, a la potencia de las esencias posibles.

Como consecuencia, los seres partícipes del ser de Dios, pero al mismo tiempo diferentes de Él, son seres análogos, de los cuales Dios es el analogado principal.

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